Hay un proverbio africano que dice yo y mi país contra el mundo, yo y mi clan contra mi país, yo y mi famila contra mi clan, yo y mi hermano contra mi familia, yo contra mi hermano, que estos últimos días está muy de vigencia entre la afición de Unionistas de Salamanca.
El pasado domingo en el partido frente a la Gimnástica Segoviana en el Reina Sofía, los allí presentes pudimos ver cómo en la grada de animación no había acuerdo a la hora de animar de forma coordinada. Parte de la grada actuaba como los niños pequeños que se taponan los oídos mientras cantan cuando alguien les dice algo que no le interesa. Está bien lo de rebelarse y hacer que se consideren las opiniones propias así como sentirse parte del grupo que más anima.
Las gradas de un estadio son un reflejo de estratificación social, tanto en lo económico como, a su ve, una forma de división en relación en la incondicionalidad y entrega al equipo. De esta forma, las zonas ubicadas detrás de las porterías han sido las que han estado destinadas a las personas con menos capacidad económica y, a su vez, para quienes muestras con su comunicación externa, mediante un autocontrol mejor la conducta y la emoción, un mayor nivel de apasionamiento. El resto de las zonas de un estadio, suele acoger a público más calmado, familiar y de mayor edad, que pueden vivir con igual pasión cada partido de su equipo pero que muestran una mayor capacidad para controlar sus expresiones.
En Unionistas, donde el precio del abono y la localidad, es el mismo independientemente de la ubicación esa primera vía de estratificación por lo económico es menos evidente. Así, podemos ver público en las áreas de animación ya en la edad madura que, tratan de regular el comportamiento de los demás a fin de crear un ambiente más saludable y atractivo para todas las edades independientemente de la zona del campo que se elija para ver el partido. La polémica surgida esta semana en base al comportamiento radica en que un pequeño grupo de aficionados quieren prevalecer su voz y su forma de animar, sintiéndose molestia de que público más maduro y que ellos mismos denominan flanders, por lo recatado de su conducta, quieren hacer prevalecer el ímpetu de su juventud y obtener la validación interna de e su propio grupo.
Todos, como dice el proverbio africano, nos hemos revelado y vivimos en rebelión continua. Sucede que, con el paso del tiempo uno se atempera. Si volvemos la vista diez o veinte años atrás puede que logremos entender lo que estos jóvenes reclaman y, a su vez, saber que precisamente por razón de su juventud no comprendan lo que se les pide desde el resto de la afición. Ellos creen que desde su fórmula para animar conseguirán hacer más atractivo acudir a ver los partidos de Unionistas junto a ellos. Probablemente no sea así ya que, hasta el momento apenas han enrarecido el ambiente. Al estadio a ver a un equipo el aficionado va y repite, no tanto por los resultados, sino por el ambiente que disfruta. Unionistas ha crecido y atraído público fiel, de todos las edades, por lo se ha esforzado por generar en sus gradas hasta ahora. Por eso, estos nuevos grupos queriendo sumar, con su actitud y desempeñó, solo consiguen restar.
Como diría el Subcomandante Marcos, los aficionados de Unionistas de Salamanca queremos una afición donde quepan muchos aficionados, mientras que lo que proclaman estos grupos de aficionados con sus quejas es que quieren una afición en la que solo quepan ellos. Los 2000 aficionados de Unionistas que estarán en Zamora lo habrán hecho siguiendo un camino Ad astra per asper.